-Acuéstese mi niña y haga sus oraciones, dígale al ángel de la guarda que la proteja, a San Miguel que le espante los espíritus del mal, a la Madre Santa que la conserve pura en sueños, a Santa Lucía que la haga ciega para el pecado, a Santa Tecla que le inmovilice las manos si de tocarse se trata, y no olvide lavarse los dientes física y espiritualmente para evitar hablar sandeces mientras duerme.-Claro que sí, su merced honrada, en santa obediencia he de postrarme, al séquito del cielo mi oración elevaré; en noche oscura con ansias de amores inflamada le diré que me haga limpia, que planche las arrugas de mi alma, que extraiga las manchas de mi purpúrea dignidad, que me haga santa como usted misma dice ser.
-Que bien, mi párvula estirpe de tinte palaciego, menina cual pintura de Velázquez, doncella al estilo de los cuentos, chiquitita de mirada cándida, solaz vestido de edad temprana, engendro casi inmaculado, lirio con apropiado sol y agua, dulce encanto de tiernas manos y empalagosa mirada... Pero, si te encuentro explorando tus tierras bajas te quemo las manos, puta del demonio. Si te veo dedeándote el culo en la penumbra conocerás la furia de mi genio. Si te hallo bajo la colcha, sudando de placer, seré yo el invierno que te apague. Si veo tus pezones erectos, seré yo la tijera que los pode. Si siento tu vientre palpitar de ganas, seré yo la brisa tramontana que confunda tus sentidos. Si te hallare lamiendo tus mismos labios en desesperada conmoción, seré yo la hiel que te haga escupir de repugnancia, porque las niñas malas no van al cielo, las hijitas de mamita que se portan mal, Dios no las quiere. Las señoritas bien portadas, en cambio, son deleite de la moral, miel en labios del prefecto, chocolate para el paladar del auditor. Sé bien yo que eres una de ellas y certeza tengo de que triste no me harás, porque mas vale mártir en cielo con palma en mano, que puta en tierra de andar mundano.

