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sábado, 2 de enero de 2010

Dia Trece de Maio

Mi madre tiene tres cicatrices: una en el pecho, otra en el vientre, y una en el alma que se rehúsa a cerrar. Ayer, cuando escuchaba a Caetano cantar: “dia trece de maio em Santo Amaro, na praga de mercado, os pretos celebravam...” imaginaba a mi madre sudorosa y agitada. La imaginaba mostrando sus tres cicatrices con orgullo, al son de los tambores. La del pecho, por una cirugía de corazón que tuvo, donde le extrajeron una canción melancólica del ventrículo izquierdo; la del vientre, por su último parto por cesárea; y la del alma, por saberse sola después de haber parido a muchos y ayudado a tantos.
Os pretos celebravam decia Caetano, Madre mía. Os pretos celebravam y tú lloras. Cómo quisiera que desempolvaras tus polleras ensangrentadas y pisaras la pista como valiente en campo de batalla. Cómo quisiera que mostraras con orgullo tus dos cicatrices y cerraras por fin aquélla que se rehúsa a hacerlo. Imita al perro que se lame sus propias llagas, imita al gorrión que se lamenta pero sigue volando, imita al Peregrino que se va pero siempre regresa, imita a La Heroica que muere de hambre pero no entrega su gloria. Mira al cielo, hay un destello lapislázuli que se convierte en mar. Mira al mar, hay una corriente de celofán que se estrella en un tumulto aislado de tierras en forma de rosario. Reza ese rosario conmigo, sumérgete en las aguas del Caribe, mira sus peces, enrédate en sus algas, pisa en sus corales, canta un verso como los que declamabas en la cocina. Aparécete a mí, Stella Matutina, Ianua Caeli, Porta Gratiae, a mí revélate, humilde pastorcillo como soy. Dime Pachamama lo que sientes y yo te diré lo que siento. Llora frente a mí y contaré tus lagrimas, lanza un grito desesperado, moribundo, y locuaz para que se despierte en mí el genio de la compasión y celebre junto a ti, este trece de mayo, en esta plaza, junto a os pretos que celebran el caer de sus cadenas, el cerrar de sus heridas.